“LA CLASE DE AL LADO” Y ANÉCDOTA PERSONAL

Los adultos tenemos una visión genérica de cómo están los adolescentes y muchas veces hablamos y juzgamos sin saber qué es lo que está pasando. 
Tenemos que entender que los adolescentes, son adolescentes y que ya “sufren” por eso. Sufren muchos cambios y tienen una presión en la sociedad muy grande puesto que están desarrollando una identidad y una personalidad con la que se le va a caracterizar y que no a todo el mundo le gusta. Es en este momento de su vida cuando ellos no son capaces de razonar en que el respeto está por encima de cualquier diferencia, que van a valorar a los que tienen a su alrededor por su capacidad de ligar con las chicas o si tienes más músculo que el que tienen al lado. 
Por otro lado, al estar tan pendiente del que dirán, pocos se conocen realmente a sí mismos como son, que les gusta, cuáles son sus virtudes, cuáles son sus defectos, que se les da bien hacer y ni respetan ni se dejan respetar. En ese momento de la vida tienes que aparentar ser algo que no eres por el mero hecho de tener un estatus social en medio de tus compañeros. 
Llevado a lo académico ellos no están motivados para ponerse a estudiar. En primer lugar, porque no les llama la atención, y es normal, continuar haciendo exámenes no es lo más divertido que puedan hacer. Ellos buscan nuevas experiencias. Precisamente por esto la motivación es nula, porque el estudio se basa en sacar una nota que le cuente y haga media para poder entrar a otros estudios o directamente pasar de curso. 
Nadie les dice ni los anima a que lo que están aprendiendo les va a servir para un futuro, a que tienen que conocer lo que hay en el exterior para poder socializarse y que al final son conceptos que poco a poco van a irse desarrollando para llegar a un fin y tener utilidad en su día a día. 
En el documental podemos ver que en la entrevista que les hacen a los chicos por separado se muestran aburridos, cansados, desmotivados y que el instituto para ellos es un trámite que tienen que pasar porque es así. Claro que, si te viene un chico que pasa del tema de los estudios que te dice que no quiere estudiar y que no le gusta entonces ya le ponemos la etiqueta de fracasado, cuando en realidad lo que hay que hacer es acercarnos más a él y preguntar, indagar que pasa, por qué no le gusta, por qué no está motivado, qué es lo que le motiva. 
El proyecto del documental es hacer ver que estos chicos pueden aspirar mucho más de lo que la sociedad cree y de lo que ellos mismos creen. Se les pone una etiqueta y ellos mismos también aceptan esa etiqueta. Los ejercicios que van haciendo durante el video les ayudan a tener confianza unos con otros sin ser del mismo grupo, a que se tienen que ayudar los unos a otros y ser un equipo, una piña. Esa confianza también la tienen que ganar para ellos mismos, conocerse, saber lo que uno hace bien y lo que hace mal. Tienen que entender que ellos están para ser felices y hacer feliz, se tienen que aceptar y se tienen que querer con todo lo que tienen, que eso, hoy en día, es muy difícil tanto para los adolescentes como para los adultos. 
Estos chicos necesitan ser escuchados, necesitan sentirse en un ambiente de confianza donde puedan abrirse, donde puedan mostrarse tal y como son, que tienen sentimientos y son sensibles a ciertas cosas, y lo que es más importante es que sean conscientes de que pueden sentirse así. 
Como dicen en el documental, nadie nos enseña a gestionar las emociones, ni siquiera a reconocerlas. Y cuando hay situaciones complicadas en el día a día que nos duelen, nos entristecen o nos enfadan, lo que se hace es generar una coraza en el corazón, en el alma. Es ir poniendo máscaras una encima de otra aparentando constantemente, con lo que ni la propia persona se puede conocer.
Un momento que me ha llamado la atención es cuando les preguntan si su familia sabe cómo se sienten, si se lo han contado alguna vez. Por estas corazas que se forman ellos a causa de la falta de confianza, no tienen con quién hablar ni con quién abrirse, ni siquiera en su familia o sus amigos más cercanos. 
Como anécdota personal, he participado en peregrinaciones como responsable de una comisión en el que el objetivo es llevar a adolescentes y jóvenes sanos y salvos al destino. En esta comisión ellos están por encima de cualquier necesidad que tu tengas. Durante la peregrinación hay muchos momentos, pero el peor es cuando tienes que mandar callar a 300 niñas metidas en su saco de dormir en un pabellón todas juntas. Te das cuenta de que hay un grupo que TODOS los años llama la atención, no hacen caso, no escuchan y les da igual lo que les digas. A priori, cualquiera les pone la etiqueta de las malotas, de las que no hacen caso, de las maleducadas etc… pero te las tienes que ganar. ¿y cómo te las ganas? Hablando con ellas, preocupándote por ellas por lo que hacen, por lo que les gusta, por la música que escuchan, por cómo están… y te das cuenta que en el fondo son niñas muy buenas que tienen una falta de amor y de autoestima inmensa. Que te cuentan como están y se abren sin problema, que te preguntan a ti, que acuden a ti si necesitan algo y que en algún momento también te piden perdón si han dicho algo que no debían. La clave está en preocuparte y que te vean como alguien que no les va a juzgar, que no les va a regañar todo el rato, mostrarle que eres una persona en la que pueden confiar, en que además de decirles que ya se están pasando, también les digas que tienen muy buen corazón y que son muy buenas, porque, de verdad que lo he visto, les cambia la cara.
Es lo más cercano que he podido estar de unos adolescentes como los que nos muestran en el documental. Y que cuando preguntas a la gente que tiene más cercana, que generalmente no son ni su familia, descubres que esas niñas tienen unas heridas enormes en el corazón y lo que necesitan es muchísimo amor. 
En definitiva, estos chicos, tanto los del documental como los que veo en las peregrinaciones, están señalados con el dedo como causa perdida y lo que necesitan es mucho amor, mucho cariño, necesitan sentirse escuchados y con la confianza de que se sientan como se sientan, nadie los va a criticar ni juzgar. Son chicos que quieren sentirse aceptados con todo lo que tienen y con todo lo que son y desde la verdad y la libertad.

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